
A CABALLO EN EL ALTO ALENTEJO
Probablemente, el emplazamiento del Acaballadero Real en Alter do Chão no fue fruto de la casualidad. Fueron varios los factores ambientales que se conjugaron para la elección de este espacio y para su mantenimiento ininterrumpido desde 1748 hasta nuestros días. Pero los condicionantes ambientales que determinaron que durante el reinado de D. Juan V la finca Coutada do Arneiro fuese el lugar elegido para el establecimiento de la Yeguada Real parecen ser los mismos que llevaron a que, hace más de siete mil años, el ser humano escogiera ese mismo escenario para realizar los primeros ensayos de domesticación de la tierra y los animales y erigiese allí algunos de los poblados de ocupación permanente más antiguos de Europa Occidental. Gracias a los estudios arqueológicos efectuados recientemente en la zona del Acaballadero de Alter, podemos asegurar hoy que, al menos desde el final de la última glaciación, el ser humano se asentó con regularidad en estas tierras. Aquí levantó cabañas, protegidas de los vientos del norte por los grandes afloramientos graníticos, aquí enterró a sus difuntos en monumentales dólmenes, aquí plasmó gráficamente en las rocas sus sentimientos, miedos y aspiraciones, aquí irguió menhires dedicados a la fecundidad y a la fertilidad y aquí, cuando todavía daba sus primeros pasos en la doma de los animales, ya estableció lazos de unión con los caballos. El diente de caballo hallado en un hábitat del Neolítico Antiguo, en las cercanías del Acaballadero, nos muestra cómo, desde al menos el sexto milenio antes de Cristo, ya los caballos, domesticados o no, pacían por estos parajes. Ese diente, que hoy está expuesto en el museo de la Fundación Alter Real, reviste una gran importancia como testimonio de una tradición milenaria de relación entre el ser humano y el caballo en esta región. Del mismo período histórico y arqueológico, se expone en este espacio museístico un significativo y único conjunto de representaciones de la diosa madre neolítica, que acompañaba en los dólmenes a los que tenían derecho a ser sepultados allí. Pero las primeras comunidades que se asentaron en estas tierras de forma continuada grabaron en las rocas graníticas mensajes que, hoy muy desvaídos ya, consiguieron subsistir a lo largo de varios milenios. Se trata de representaciones solares y lunares envueltas en las enigmáticas cazoletas características de los santuarios descubiertos en los terrenos del acaballadero. Los ciclos astrales que desde siempre han marcado los ritmos de la vida y la muerte son también reliquias de un pasado riquísimo en historias que atesoran las tierras del Acaballadero de Alter.
Los suelos arenosos y bien drenados, dispuestos en suave pendiente cara al poniente, han contribuido a que la antiguamente denominada Coutada do Arneiro, que después se llamaría Acaballadero Real de Alter y hoy se conoce como Fundación Alter Real, diera continuidad a una ocupación ancestral claramente orientada a la domesticación animal y al pastoreo, acompañados de una agricultura de pequeña escala bien documentada en las diversas reseñas arqueológicas. En estos suelos, aptos principalmente para la cría de animales, con la llegada de los romanos, quienes contribuyeron intencionadamente al desarrollo de la agricultura intensiva, se observa que el área del actual acaballadero fue despreciada a favor de suelos más idóneos para la agricultura. Se han hallado vestigios de esa época en el municipio de Alter do Chão, pero mayormente en municipios vecinos, sobre todo en Marvão, en las inmediaciones de la ciudad de Ammaia, y en Monforte, en las ruinas de Torre de Palma. En este último municipio, en los suntuosos tapetes de mosaicos que revestían las salas de la fastuosa casa agrícola de Torre de Palma, el caballo vuelve a adquirir significado y a cobrar mayor importancia. El propietario de esta insigne casa agrícola romana encarga, probablemente a un artista griego, retratar en cinco medallones otros tantos caballos del mismo hierro, animales que acabarían resultando premiados en carreras.
Bajo el dominio islámico, el caballo vuelve a despertar interés en esta zona del Alentejo y a experimentar un florecimiento, esta vez más orientado a las artes de la guerra. Ibn Marwan, el fundador de Badajoz y Marvão, que cabalgaba por estas tierras en el siglo IX, apoyaba sus tentativas de autonomía en la velocidad de sus caballos. En las algaras y subsiguientes incursiones, el caballo siempre está presente. Todo el posterior proceso de Reconquista cristiana gira en torno a la importancia y garantía de éxito que brindaba el caballo como arma de guerra. Los castillos del Alentejo rayano fueron testigos de continuos episodios bélicos en los cuales el caballo ocupó un lugar destacado, como corroboran los restos óseos identificados en las excavaciones de la Plaza de Armas de Castelo de Vide. Y en este Alentejo, escenario y territorio sacrificado en los más diversos enfrentamientos bélicos a lo largo de la historia de Portugal, el caballo ha estado siempre presente. Incluso cuando, paulatinamente, la caballería empieza a ser secundada por otras artes marciales en las que la pólvora pasa a desempeñar un papel predominante, el caballo, y sobre todo su espíritu, se mantiene presente como testimonio de un vínculo milenario de respeto y ayuda mutua, tanto en tiempos de paz, como de guerra.
Jorge de Oliveira












